Un poema mexicano de José Juan Tablada

El Figón

¡Alegría, alegría
del jarro de horchata y el vaso de chía!
¡Alegría de las pechugas
de los pollos, dorados
entre verdes lechugas!
Alegría de los pulques curados
verdes como la savia y almendrados
y teñidos con tuna solferina…

Quien apura esos vinos
con perfumes de flores,
su patriotismo magnifica y siente
que ha bebido banderas tricolores
y el águila, el nopal y aun la serpiente…

Pedro Diego Alvarado, Nopalera rumbo a Tulancingo, 2000, óleo/lino.

Alegría de las enchiladas
en el platón, azul y blanco, de la China.

¡Júbilo del pescado en escabeche!
¡Delicia de los moles
que guisan las mestizas de Campeche
y en Puebla de los Ángeles, las Choles!
Alegría de los moles suculentos
verdes y prietos y el colorado
en cuyo adobo brilla reflejado
todo feliz advenimiento
y al áureo aljófar del ajonjolí
nebulosa del hondo firmamento…

¡Como en un marco del color
auribermejo del carey,
aún reflejas rendidos a tu ley,
oh guiso superior,
al Indio Emperador
y al hispano Virrey!

¡Júbilo de los chiles en nogada
donde brillantes granos de rubí
y granate desgrana la granada!

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Pedro Diego AlvaradoGranadas de Chabela, 2007, óleo/lino, 112 x 150 cm.

Los dulces de alfeñique,
regalo del convento al Virrey—
do la gragea rizó un Agnus Dei
como un dedo meñique…
Dulces de coral y marfil
yemas y mostachones y el alfajor aquel
como la cera blanco y amasado con miel
del colmenar monjil…

Cajetas de Celaya
que hasta lo último se raspan
y saben a resina y a niñez.
¡Alegría de las cocadas
llenas de cabujones
de pasas, almendras y piñones
y a fuego doradas!

Pedro Diego Alvarado, Guayabas, 2017, óleo/lino, 49 x 63 in.

 

 

José Juan Tablada (Ciudad de México, 1871 – Nueva York, 1945) fue poeta. Practicó también la narrativa, la dramaturgia y el ensayo. Trasplantó el haikú al español y es considerado uno de los fundadores de la poesía mexicana moderna. Según consigna la Enciclopedia de la Literatura en México, publicó más diez mil artículos periodísticos tan sólo en El Universal. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, profesor y diplomático.

Pedro Diego Alvarado (Ciudad de México, 1956) realizó estudios en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura «La Esmeralda», la Academia de San Carlos y Beaux-Arts de Paris. Ha expuesto en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, la Casa de Subastas Christie’s de Nueva York y la Feria de Arte de Chicago, entre muchos otros foros. Es hijo de Ruth Rivera y nieto de Diego Rivera y Guadalupe Marín. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte. Del suplemento EstePaís|cultura: «La pintura de Alvarado se percibe mexicana. Están las variedades de las frutas; su disposición en cajas y canastas y la presentación escalonada de éstas, típica de un mercado; el papel de colores que sirve para envolverlas; los cactus, por supuesto. Pero más allá de estos usos evidentes, en el nivel del estilo —en particular en el efecto que resulta de combinar la atención al detalle con una factura deliberadamente imperfecta— hay bellas reminiscencias de nuestra tradición plástica, de autores no académicos como Hermenegildo Bustos, o de Diego Rivera».

Reproduzco los cuadros con permiso del artista, a quien agradezco.

«El figón» está tomado de la edición facsimilar de La feria (poemas mexicanos) que publicó Conaculta en 2012. La feria apareció originalmente en Nueva York en 1928, bajo el sello de F. Mayans, Impresor. Lo ilustraron M. Covarrubias, M. Santoyo y George (Pop) Hart. El tiraje fue de 25 ejemplares en papel numerado del 1 al 25.

Portada de la edición original de La feria (poemas mexicanos), de 1928.

 

Páginas de profana devoción

Retratos de cuerpo entero, acercamientos, cuadros anecdóticos, de género e históricos, paisajes. El escritor registra la identidad de un pueblo y una familia, la suya. Define, al mismo tiempo, su propia identidad. Busca preservar así «un mundo de costumbres antiquísimas» que estaba muriendo ante su mirada.

La portada del libro.

A falta de otra mejor, usaré la palabra devoción. Éste es el sentimiento, me parece, que vertebra a Oriundos (Cataria, 2018), el libro más reciente de Fernando Fernández. El escritor mexicano de madre y cuatro abuelos españoles habla en él de su familia y de sus orígenes. Lo hace movido a veces por el amor: a sus abuelos paternos, al tío abuelo avecindado en Gijón, al del asilo en Avilés… Pero sobre todo lo hace movido por la devoción. El amor de nieto, de sobrino-nieto, gobierna la relación con algunos personajes y el acto de retratarlos. La devoción —que es apego, entusiasmo, inclinación— gobierna por su parte la relación de conjunto, el contacto del autor con su ascendencia y los lugares nativos.

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Un poema de Birago Diop

John Mackenzie Burke, Baobab, Parque Nacional de Tarangire, 2015.

El trabajo del escritor senegalés Birago Diop (1906-1989) guarda estrecha relación con la Négritude, un movimiento de expresión estética y aspiraciones sociales y políticas que se opuso al dominio cultural europeo en África y contribuyó, desde su trinchera, a la descolonización del continente. La Négritude reivindicó las artes y los valores africanos como una manera de preservar la identidad y echar por tierra los estereotipos occidentales. Llamaba a la gente negra, lo mismo la radicada en África que la de la diáspora, a enorgullecerse de su linaje. El poeta martiniqués Aimé Césaire propuso el término. Léopold Sédar Senghor y Léon Damas consolidaron el movimiento.

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