Uno de Pedro Salinas


Deja ya de mirar la arquitectura


Deja ya de mirar la arquitectura

que va trazando el fuego de artificio

en los cielos de agosto. Lleva el vicio

en sí de toda humana criatura:


vicio de no durar. Que sólo dura

por un instante el fúlgido edificio

para dejarnos ver el beneficio

sagrado de una luz en noche oscura.


Ven… Hay que ir a buscar lo más durable.

Esta noche de estío por ti enciende

sus innúmeras luces en lo alto;


cállate bien y deja que ella hable.

Y del vano cohete sólo aprende

a ir preparando tu divino salto.




«Pedro Salinas, Madrid 1891 – Boston 1951, poeta español. Perteneciente a la generación del 27, su trabajo, intelectual y emotivo y adicto a la ‘poesía pura’, aborda la metafísica amorosa (Presagios, 1923; La voz a ti debida, 1934). A partir de su exilio se muestra más sensible a la crisis histórica del momento (Todo más claro, 1949). Cultivó también la narración, el teatro y los estudios literarios.» (De El pequeño Larousse ilustrado, 2009.)


James Abbott McNeill Whistler, Nocturne in Black and Gold, the Falling Rocket, 1875, Detroit Institute of Arts.

Pedro Salinas, Antología poética, Alianza Editorial, Madrid, 2012.

Libro de las creencias

Mucho de lo que Kenzaburo Óe ha sido como escritor puede conocerse en un solo libro: Dinos cómo superar nuestra locura.

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Vista reciente del caserío de Óse, donde nació Óe, hoy parte de Uchiko, un pueblo de la prefectura de Ehime. A la izquierda, el río Oda. Imagen tomada de Google Maps.

Hay que empezar por decir que las piezas que reúne este título no forman, en principio, una obra unitaria.[1] Son relatos autónomos, producidos en momentos muy distintos. Catorce años separan al primero del último. Los separa también el tránsito del autor a lo largo de ese tiempo. Entre 1958 y 1972 las inquietudes temáticas y el estilo de Óe cambiaron considerablemente. Estas cuatro narraciones comparten sin duda ciertas propiedades. Pero también las comparten con otras obras del mismo escritor. ¿Por qué fueron compiladas? Tal vez porque de esta forma su comercialización y divulgación serían más fáciles. Y porque todos son textos de mediana extensión: cuentos largos o novelas cortas.

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Un poema mexicano de José Juan Tablada

El Figón

¡Alegría, alegría
del jarro de horchata y el vaso de chía!
¡Alegría de las pechugas
de los pollos, dorados
entre verdes lechugas!
Alegría de los pulques curados
verdes como la savia y almendrados
y teñidos con tuna solferina…

Quien apura esos vinos
con perfumes de flores,
su patriotismo magnifica y siente
que ha bebido banderas tricolores
y el águila, el nopal y aun la serpiente…

Pedro Diego Alvarado, Nopalera rumbo a Tulancingo, 2000, óleo/lino.

Alegría de las enchiladas
en el platón, azul y blanco, de la China.

¡Júbilo del pescado en escabeche!
¡Delicia de los moles
que guisan las mestizas de Campeche
y en Puebla de los Ángeles, las Choles!
Alegría de los moles suculentos
verdes y prietos y el colorado
en cuyo adobo brilla reflejado
todo feliz advenimiento
y al áureo aljófar del ajonjolí
nebulosa del hondo firmamento…

¡Como en un marco del color
auribermejo del carey,
aún reflejas rendidos a tu ley,
oh guiso superior,
al Indio Emperador
y al hispano Virrey!

¡Júbilo de los chiles en nogada
donde brillantes granos de rubí
y granate desgrana la granada!

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Pedro Diego AlvaradoGranadas de Chabela, 2007, óleo/lino, 112 x 150 cm.

Los dulces de alfeñique,
regalo del convento al Virrey—
do la gragea rizó un Agnus Dei
como un dedo meñique…
Dulces de coral y marfil
yemas y mostachones y el alfajor aquel
como la cera blanco y amasado con miel
del colmenar monjil…

Cajetas de Celaya
que hasta lo último se raspan
y saben a resina y a niñez.
¡Alegría de las cocadas
llenas de cabujones
de pasas, almendras y piñones
y a fuego doradas!

Pedro Diego Alvarado, Guayabas, 2017, óleo/lino, 49 x 63 in.

 

 

José Juan Tablada (Ciudad de México, 1871 – Nueva York, 1945) fue poeta. Practicó también la narrativa, la dramaturgia y el ensayo. Trasplantó el haikú al español y es considerado uno de los fundadores de la poesía mexicana moderna. Según consigna la Enciclopedia de la Literatura en México, publicó más diez mil artículos periodísticos tan sólo en El Universal. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, profesor y diplomático.

Pedro Diego Alvarado (Ciudad de México, 1956) realizó estudios en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura «La Esmeralda», la Academia de San Carlos y Beaux-Arts de Paris. Ha expuesto en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, la Casa de Subastas Christie’s de Nueva York y la Feria de Arte de Chicago, entre muchos otros foros. Es hijo de Ruth Rivera y nieto de Diego Rivera y Guadalupe Marín. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte. Del suplemento EstePaís|cultura: «La pintura de Alvarado se percibe mexicana. Están las variedades de las frutas; su disposición en cajas y canastas y la presentación escalonada de éstas, típica de un mercado; el papel de colores que sirve para envolverlas; los cactus, por supuesto. Pero más allá de estos usos evidentes, en el nivel del estilo —en particular en el efecto que resulta de combinar la atención al detalle con una factura deliberadamente imperfecta— hay bellas reminiscencias de nuestra tradición plástica, de autores no académicos como Hermenegildo Bustos, o de Diego Rivera».

Reproduzco los cuadros con permiso del artista, a quien agradezco.

«El figón» está tomado de la edición facsimilar de La feria (poemas mexicanos) que publicó Conaculta en 2012. La feria apareció originalmente en Nueva York en 1928, bajo el sello de F. Mayans, Impresor. Lo ilustraron M. Covarrubias, M. Santoyo y George (Pop) Hart. El tiraje fue de 25 ejemplares en papel numerado del 1 al 25.

Portada de la edición original de La feria (poemas mexicanos), de 1928.

 

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