Claudio Isaac: tres estampas

Algunas impresiones sobre la obra literaria, plástica y cinematográfica de este talentoso autor mexicano.

El libro

Cenizas de mi padre, Casa Juan Pablos, México, 2008.

El título se refiere a cuando menos tres cosas: 1. los restos físicos del cineasta, deportista olímpico y caricaturista Alberto Isaac que Claudio, su hijo, lleva a nado mar adentro para ahí depositarlos; 2. los recuerdos que el escritor conserva de su padre, residuos de otra clase, más sutil, mnemónica, dispersos no en el agua sino a lo largo de las páginas; 3. el propio autor del libro, que se somete aquí al más duro ejercicio de autoexploración, se reduce a cenizas, cenizas de su padre, para renacer de ellas —en el mejor de los casos—. La misma estructura es cenicienta: fragmentos sintácticos que se alternan sin cesar y que, como los de un cuerpo, se esparcirán al final. Este libro es una urna de papel. Los lectores son el mar en que Claudio la vacía. Convergen la narración, el ensayo a la Montaigne, que no conoce membranas entre la objetividad y la subjetividad, y la forma confesional, como flagelo y como expiación. En Cenizas de mi padre toman turnos el road trip, con un Alberto Isaac joven que se embarca en un viaje hasta Ohio, en compañía de otros nadadores, para participar en un abierto nacional; la Bildungsroman, pero una de signo trunco, la del hombre introspectivo cuya edificación, como la de algunos templos, nunca acaba; el diario, que produce un espacio íntimo, de sinceridad y de verdades elusivas; la poesía; la imagen…

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El cielo sobre Oaxaca

(Una versión más breve de este ensayo apareció originalmente en Nexos.)

En este espléndido corto de Ángeles Cruz, un hombre de campo y una anciana peregrinan. ¿Van camino de un desfiladero o de la salvación? Ambas cosas.

Arcángel, de Ángeles Cruz, también disponible en FilminLatino. Recomiendo ver el corto antes de seguir leyendo.

Condena

En este cortometraje, Arcángel lleva a Patrocinia a la ciudad de Oaxaca para buscarle lugar en un asilo. Él es un campesino de unos cincuenta años. Está perdiendo la vista. Patrocinia, una anciana que no puede caminar. Vienen de una pequeña comunidad en la sierra. Arcángel es el recuento de las dificultades que enfrentan en este viaje. Los criterios de admisión, que excluyen a la gente incapacitada. La Babel de la papelería burocrática. La apatía de quienes los atienden. El favoritismo. La pobreza, sobre todo, que es lo que orilla a Arcángel a procurar el albergue y complica como un nudo en los tobillos cada paso. Duermen en la estación de autobuses. Les regalan comida. Solamente los perros callejeros —entrevemos en un cuadro— sufren mayores penurias.

Todas las imágenes provienen de Arcángel (Ángeles Cruz, dirección y guion; Lola Ovando, producción ejecutiva; Carlos Correa, dirección de fotografía; César Palafox, dirección de arte; con Noé Hernández y Patrocinia Aparicio; Imcine, México, 2018).

Pero más allá de esta dermis argumental, el corto es una íntima exploración de los lazos entre Arcángel y «Pato». Al campesino y la mujer los aglutina como muégano un amor de madre e hijo. Para ir de un lado a otro, Arcángel la lleva a cuestas. Cuando bajan del autobús, cuando van de la estación hasta la casa hogar en la iglesia principal, cuando vuelven a la estación para pasar ahí la noche, invariablemente carga con ella sobre la espalda. Se vale de un rebozo, la envuelve en una cobija. Si la anciana desciende de esa suerte de refugio es sólo para comer del taco que él le da afuera de una casona, al ras de la banqueta. Ni siquiera en el área de oficinas del asilo se separan. Se la queda en las piernas, para así levantarla de nuevo en brazos. Sabemos que en el campo, los mercados, las calles, el rebozo se emplea como un segundo vientre. Cavidad de protección, de abasto, de sostén. El de Arcángel también lo es, aunque de signo inverso. Biológicamente, porque aquí quien aloja y preserva la vida es un hombre. Generativamente, porque el hijo contiene a la madre. Cronológicamente, porque ella es vieja.

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Buenos cortometrajes en español

Éstas son las primeras ocho recomendaciones comentadas de lo que ojalá pueda llegar a ser un inventario útil de cine breve hispanoamericano. Abarcan el documental y la ficción, la comedia y el drama, numerosas circunstancias de vida, y un puñado de países: México, Cuba, Chile y Argentina. Todas las películas, excepto una, que se esfumó de pronto, pueden verse en internet.

Salón Royale

De Sabrina Campos, con Julia Marina Bellati, Julieta Zylberberg y Luciana Lifschitz (Robot, Argentina, 2011, 14 min.).


El corto toma su nombre del salón de eventos al que se dirigen en auto las mujeres de la historia. Pero en la dirección que ellas mencionan, Venezuela 3300 esquina con Virrey Liniers, Buenos Aires, lo que hay en el mundo real es un salón de belleza. No creo que sea casualidad, no en una obra tan redonda. Además de señalar una suerte de epicentro geográfico y argumental, el título, Salón Royale, cifra uno de los temas principales de la cinta: la apariencia femenina, el valor que se le da y los cambios que experimenta por efecto del tiempo y los tratamientos.

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