Líquidos inestables

(Texto publicado originalmente en la revista Este País)

Ante el dilema general del vaso medio lleno o medio vacío, hay un gremio que no duda: el de los meseros. Basta que el nivel de nuestra bebida caiga por debajo de la línea ecuatorial para que un camarero considere que es tiempo de retirarla. Sin interponer palabra, como si se tratara de un asunto de carácter interno, que no atañe en nada al comensal, se la lleva. Las razones del retiro se dan tan por sentado que el mesero lo ejecuta irreflexivamente. Esta muestra de autoridad nos desarma. Más de una vez he asumido, luego de una sustracción así, que sin duda el personal tenía importantes motivos.

Charlie Chaplin y Eric Campbell en The Immigrant, 1917.
Fuente: Wisconsin Center for Film and Theater Research.

Al argumento de autoridad añaden casi siempre la pericia. Son rápidos y nos ganan la espalda. Nueve de cada diez vasos desaparecen inadvertidamente. Algo hay en los camareros, algo en sus pajaritas, sus sacos y movimientos, de prestidigitadores. Mientras la atención se clava en el plato de lentejas espesas y humeantes, el vaso con una onza de Blue Lagoon se ausenta. Querer rastrearlo es ocioso. Para cuando nos volvemos, la bebida ya cambió de manos varias veces, ya quedó disimulada en una charola llena, ya baja por el drenaje en la agitada cocina, desenlace de un traspaso semifuso que recuerda al de una billetera malversada en una plaza.

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Cutis anserina

J.S. Bach, «Adagio», Sonata para violin núm. 1, BWV 1001; interpreta Johnny Gandelsman.
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