Si el futuro se regirá por el cambio constante, la labor de los editores deberá tocar más áreas de la sociedad en la que se desempeña. el editor será su primer crítico y guía, antes que una figura condenada a desaparecer.
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Ante la normalización del libro electrónico y de otros medios para la comunicación de obras escritas, como los blogs y las redes sociales, cabe preguntarse si el papel del editor se transformará sustancialmente. No hay aún una respuesta certera a esta pregunta. No la hay porque no podemos predecir el futuro —miramos el continente de la era digital como miraban América los ochenta y siete navegantes, desde las carabelas o, peor aún, desde una playa— y también porque es presumible que, tras más de cinco siglos de relativa estabilidad, la constante ahora será el cambio.
La telecomunicación eléctrica, sin la cual la era digital no se podría entender, nació con el telégrafo. Éste es el diagrama del que creó Samuel Morse en 1838.
Cambia la tecnología pero ¿cambian también las mentalidades? Me parece que el debate sobre el destino del editor en la era digital debe librarse no en el plano más o menos limitado de los soportes sino en el de la sociedad y su estructura.
(Una versión más breve de este ensayo apareció originalmente en Nexos.)
En este espléndido corto de Ángeles Cruz, un hombre de campo y una anciana peregrinan. ¿Van camino de un desfiladero o de la salvación? Ambas cosas.
Arcángel, de Ángeles Cruz, también disponible en FilminLatino. Recomiendo ver el corto antes de seguir leyendo.
Condena
En este cortometraje, Arcángel lleva a Patrocinia a la ciudad de Oaxaca para buscarle lugar en un asilo. Él es un campesino de unos cincuenta años. Está perdiendo la vista. Patrocinia, una anciana que no puede caminar. Vienen de una pequeña comunidad en la sierra. Arcángel es el recuento de las dificultades que enfrentan en este viaje. Los criterios de admisión, que excluyen a la gente incapacitada. La Babel de la papelería burocrática. La apatía de quienes los atienden. El favoritismo. La pobreza, sobre todo, que es lo que orilla a Arcángel a procurar el albergue y complica como un nudo en los tobillos cada paso. Duermen en la estación de autobuses. Les regalan comida. Solamente los perros callejeros —entrevemos en un cuadro— sufren mayores penurias.
Todas las imágenes provienen de Arcángel (Ángeles Cruz, dirección y guion; Lola Ovando, producción ejecutiva; Carlos Correa, dirección de fotografía; César Palafox, dirección de arte; con Noé Hernández y Patrocinia Aparicio; Imcine, México, 2018).
Pero más allá de esta dermis argumental, el corto es una íntima exploración de los lazos entre Arcángel y «Pato». Al campesino y la mujer los aglutina como muégano un amor de madre e hijo. Para ir de un lado a otro, Arcángel la lleva a cuestas. Cuando bajan del autobús, cuando van de la estación hasta la casa hogar en la iglesia principal, cuando vuelven a la estación para pasar ahí la noche, invariablemente carga con ella sobre la espalda. Se vale de un rebozo, la envuelve en una cobija. Si la anciana desciende de esa suerte de refugio es sólo para comer del taco que él le da afuera de una casona, al ras de la banqueta. Ni siquiera en el área de oficinas del asilo se separan. Se la queda en las piernas, para así levantarla de nuevo en brazos. Sabemos que en el campo, los mercados, las calles, el rebozo se emplea como un segundo vientre. Cavidad de protección, de abasto, de sostén. El de Arcángel también lo es, aunque de signo inverso. Biológicamente, porque aquí quien aloja y preserva la vida es un hombre. Generativamente, porque el hijo contiene a la madre. Cronológicamente, porque ella es vieja.